Arrebato Jueves, son las seis menos veinte, he quedado con El Doktor para unos asuntillos y me parece que voy a ir en coche porque quizás tenga que recoger unas maderas que he encargado. Un vistazo a través de la ventana y el sol me hace cerrar los ojos. ¡Paso del carro!, en las fechas que estamos no se puede desperdiciar un día así. Que le den por el culo a las maderas, ya me las traeré otro día. Pillo el casco abierto, los guantes y cojo la moto. El Doktor vive cerca, quizás demasiado, y como hay tiempo voy a ir dando un rodeo. Gafas de sol, calorcito y el suave ronroneo de mi gatita negra entre las piernas. ¡Qué gozada, si no fuera por la mierda del tráfico! No hay quien consiga ensamblar dos marchas seguidas, todo Dios tocando el claxon y apretándose delante de los semáforos como cerdos en una matanza. Una señal de salida a la circunvalación me invita a dejar todo este follón. ¡Bueno, mira, así por lo menos podré meter tres marchas seguidas! y luego entraré por la otra punta de la ciudad. Esto ya es otra cosa, un par de carriles y tráfico menos apretado aunque bastante más rápido. Tercera, cuarta y quinta, el motor se alegra y yo también. El suave ronroneo se ha convertido en un rugir tranquilo. Un carapolla me acaba de adelantar con una furgoneta de reparto y lo que me jode, no es que me adelante, sino que me está tapando el sol. Pero esto lo arreglo yo enseguida, un brusco apretón de la mano derecha y el rugir tranquilo se convierte en un bramido acojonante. Paso a la furgoneta, el viento me pega fuerte en la cara y no necesito mirar ninguna aguja para saber que voy completamente follado. La curva a derechas que viene la conozco bien, es muy cerrada pero tiene buen asfalto y si hiciera falta tengo otro carril. La bota, el reposapiés y el escape dejan su marca en el asfalto. Ahora una a izquierdas. Tampoco está mal, medio culo fuera del asiento y tenso los brazos.¡ Uuuuuau! ¡Vaya trazada! La rueda trasera toma vida propia y comienza a bailar por el asfalto como si quisiese adelantarme. Mi sombra se tumba en la carretera, el motor no para de estirar y no pienso soltar el puño del gas. Adelanto coches como si estuviesen parados, paso gasolineras, salidas de autovía, camiones y carteles de desvíos. Los mosquitos se incrustan en mi cara como si los lanzara un francotirador bosnio, sigo dejando trozos de mis botas en cada curva, la máquina sonríe y grita al mismo tiempo como si acabase de alcanzar un orgasmo. Los indicadores kilométricos se van quedando atrás antes de que me de tiempo a leerlos, dos niños pegan su nariz al cristal de la ventanilla para ver como los adelanto mientras el coche de papa retumba con el sonido de mis escapes. El viento cada vez me llega con más fuerza y a pesar de apretar los dientes, mis carrillos parecen de gelatina. Vaya recta más cojonuda, gas a tope y el motor que siempre parece poder ofrecer aún algo más, sigue estirando. Tengo la sensación de ir sobre una enorme piedra que cae por un acantilado y que nadie podría parar. Se acabo la recta, me trago del tirón una serie de curvas enlazadas y ahora... ¡Un momento, un momento! ¿Se pude saber dónde hostias voy? ¿Pero yo no iba a casa del Doktor? Busco la primera señal indicativa y....¡JODER! ¡Estoy a ciento veinte kilómetros de la ciudad y hace casi una hora que me esperan! Frenada de vértigo en el arcén y enciendo un cigarro para aclarar las ideas. ¿Qué coño me ha pasado? Pero si yo no me pico ni con guindillas en el culo y además a mí no me gusta correr. Tomo el primer cambio de sentido mientras los niños del coche me dicen adiós con la mano. De vuelta a la ciudad, ahora ya mucho más alejado, intento buscar una explicación para este arrebato y, la verdad, no consigo encontrar ninguna que me convenza. Aunque por otro lado. ¿Por qué coño hay que buscarle explicaciones a todo? Supongo que como dice esa vieja canción "A veces la velocidad entra en tu corazón", y cuando esto sucede no hay Dios que pueda pararte, ni persona humana que se atreva a intentarlo. Mira Doktor, no te cabrees que tú tampoco eres puntual y no pidas explicaciones porque como dijo el otro: "Si tuviera que explicártelo, no lo entenderías".

   

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